jueves, 6 de agosto de 2015

Temas de conversación para un verano caluroso

Temas de conversación para un verano caluroso.
La pretemporada


Parece difícil contar algo cuando se tiene mucho que decir y no se sabe por dónde empezar.
Ahora mismo el problema es que tengo varios temas de conversación en la cabeza. Quiero hablar de la educación y su finalidad; de la libertad de las personas; de los problemas de económicos y políticos de España y de Europa; de la duda que genera la tragedia de la inmigración; de la lucha contra la corrupción; de las vacaciones... Pero no. Creo que voy a hablar de fútbol. Estoy oyendo la radio y da la impresión que no hay otro tema. Ni siquiera cuando no hay liga, estos del fútbol nos dejan descansar.
Sí, voy a hablar de fútbol y de lo mucho que mueve. Dinero, derechos televisivos, pasiones humanas casi religiosas (o sin el casi) y a personajes millonarios que son tratados como mercancía de compra - venta. La verdad es que es la única vez que vemos a millonarios que se venden como ganado. Bueno, voy a hacer un aparte: esto no va con los obreros del deporte. Los jugadores que no son estrellas rutilantes y que acaban como trotamundos dando más vueltas que el balón que manejan por equipos de todas las categorías y países, y son tratados igual, como mercancía de compra-venta.
Pero lo interesante de la reflexión es que gracias a una tontería tan grande como es un deporte de masas todos nos podemos sentir importantes. Por eso quizá no sea tanta tontería y la manipulación social que de ello se puede derivar llega a ser de magnitud.
Cuando llegan los mundiales o las eurocopas todos nos sentimos seleccionadores. Sabemos a quién llevar y quién se tiene que quedar en casa. Para un partido cada uno tenemos nuestra alineación y hasta quien no ve el fútbol durante la liga se engancha. O lo enganchan, ya que este país y muchos otros se paralizan a la hora de los partidos (también Alemania, que lo sé por experiencia personal).
Así que el fútbol nos une. O nos separa. Porque ¿hay rivalidades más tontas que las deportivas? Personalmente no entiendo qué buscan dos grupos sociales que quedan antes o después de un partido para pegarse como en Madrid o en Oviedo hace poco. El deporte, en teoría es algo limpio, para jugar, pasarlo bien y esforzarse. Ha de enseñar los valores del trabajo en equipo, del esfuerzo, de la disciplina y del liderazgo. Pero hay energúmenos que parece que esto aquí indicado lo tienen claro, pero a la manera una horda de hunos que van como borregos a la pelea.
La "religionalización" (convertirlo en una pseudo religión) del fútbol tiene bastante culpa de esto. Los apegos a los colores no son racionales. Son solo sentimentales. Con lo cual no hay nada que pensar, solo sentir. Podemos acordarnos de toda la parentela del rival ya que estamos justificados simplemente por el hecho de ser un rival. Podemos mentir y engañar al árbitro, que es un signo de "inteligencia". Hacemos cosas que no haríamos en nuestra vida habitual, como alabar los despropósitos de Mourinho o aplaudir y pedir un autógrafo a Messi en la puerta del juzgado al que asiste a declarar por defraudar a hacienda. Se nos olvida que son cosas totalmente distintas ser buen jugador o entrenador y ser buena persona. Para lo segundo, ser buena persona, hay que trabajar más y más constantemente. Hay que serlo todos los días y eso conlleva un esfuerzo. Pero a los mitos se lo perdonamos todo porque nos dan alegrías pasajeras cada cierto tiempo. Nos hacen sentirnos superiores a los demás en la rivalidad y permiten la socialización de los triunfos: “Hemos ganado el Mundial”. Este es un plural mayestático, puesto que yo, ni otros cuarenta y tantos millones de españoles jugamos aquella final. Pero compartimos el éxito como si fuera nuestro.
Y al día siguiente a trabajar como todo hijo de vecino. O a sellar la tarjeta del paro. El fútbol nos hace olvidar. Hace ciento cincuenta años, cuando Karl Marx ejercía su lucha política con el amigo Engels indicó que la religión es el opio del pueblo. Tenía razón, ya que la religión controlaba la vida de las personas y las hacía sumisas a los dictados de los poderosos. Además ofrecía dignidad a las personas, sobre todo en la otra vida. Así reducía la capacidad de lucha en esta. Cuanto más sufrieses en esta vida, más grande sería la recompensa en el Paraíso. Y ahora sigue igual la religión es el opio del pueblo, solo que hemos cambiado de religión, la nueva religión es el Fútbol.


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